BOSCH

Cuando hay una tormenta, un conductor pierde hasta el setenta por ciento de su visibilidad. Cuando llueve, cincuenta, y cuando garúa, treinta por ciento. Es como ir con un ojo y medio tapado.  La neblina, el granizo y la lluvia causaron 272 accidentes de tránsito en Ecuador entre enero y abril del 2015, según la Agencia Nacional de Tránsito. Una razón por la que el clima se vuelve una amenaza para los choferes, es el mal estado de las plumas limpiaparabrisas. Cuando están gastadas y no limpian bien, el riesgo de accidentes aumenta. Esas delgadas líneas que van y vienen sobre el parabrisas, son la delgada línea entre llegar a casa, o no.  Su cuidado es más importante de lo que imaginamos. Su tecnología, trascendental. Por eso Bosch –fiel a su tradición– continúa investigando y desarrollando mejores plumas.

La tecnología de una pluma Bosch supera la aparente simpleza de su diseño. Vienen en once tamaños –desde 14 hasta 28 pulgadas–.Y su más reciente innovación lleva a las plumas al siguiente nivel: al modelo tradicional Eco, se suman las versiones aerodinámicas Aerotwin y Aerofit.

Una buena pluma es como un buen volante de marca: sabe cómo presionar. A diferencia de muchas plumas que se ofrecen, Bosch lo sabe y tiene a un equipo trabajando en ello. Las plumas tradicionales tienen varios puntos de presión a lo largo de la ceja, mientras que la aerodinámica tiene una sola lámina de acero pretensada a lo largo de la goma: toda la pluma hace contacto con el vidrio. El resultado es un barrido del agua más completo y efectivo. La pluma tradicional –la favorita del mercado ecuatoriano hasta que la aerodinámica se lo permita–, está, también, en constante innovación: se aumentaron sus puntos de presión, y el brazo central se rediseñó para garantizar mayor paso del aire y mejorar su desempeño en altas velocidades. La calidad no es otra cosa que cuidar los detalles y llevar el potencial de los productos a nuevos límites.

A las plumas muchas veces las pasamos por alto, cuando –en realidad– merecen una atención especial. Como son eficientes para barrer el agua, se cree –equivocadamente– que sirven para quitar una hoja, un bicho, u otros desperdicios en el parabrisas. En realidad, las plumas están diseñadas exclusivamente para el agua, cualquier otro uso solo acelera su deterioro. La gran mayoría de conductores cambian las plumas de sus vehículos cuando están rotas, con el caucho gastado, rayan mientras limpian, hacen ruido, y no aclaran la visibilidad. En un país como Ecuador, con cuatro o cinco meses de lluvias, las plumas deben reemplazarse cada invierno.

Como todo en la vida, precisan de un cuidado particular: hay que pasar un trapo húmedo –solo con agua– por las láminas de goma. Es un gesto sencillo, breve, pero importante: igual que las plumas. Para que duren más de un año, se puede acompañar su cuidado limpiando el vidrio con productos de mantenimiento y esponjas adecuadas. Jamás se debe usar queroseno u otros químicos porque dañan las láminas de goma.

En un vehículo es evidente que las partes grandes –como la batería y el motor– deben cuidarse, pero como en la vida, a veces nos olvidamos de las cosas más pequeñas. Las plumas son esos detalles que hay que atender, decisivas para evitar accidentes. La tecnología de Bosch nos ayuda a llegar a casa, a salvo, y permanecer fuera de las estadísticas. Las plumas importan muchísimo porque después de todo, ¿a quién se le ocurriría manejar con un ojo y medio tapado?